Peronian Trolls

LA COLUMNA DE OPINIÓN DEL ESCRITOR Y PERIODISTA CARLOS CARAMELLO SOBRE LA INTERNA PERONISTA
POLITICA17/05/2026 @carloscaramello

La batalla cultural -para mí la del sentido- está perdida. Prueba de esto es el espiral de violencia con el que se viene desarrollando el debate en el seno mismo de las fuerzas nacionales y, más o menos populares. Como botón de muestra, un hecho de esta semana. Durante la apertura del Curso de Formación Política del PJ de la Provincia de Buenos Aires, el orador, Axel Kicillof, a la sazón Presidente del Partido, fue molestado por el grito de un participante que le exigió que el gobernador dijese “Cristina Libre”, mientras desplegaba una bandera con esa demanda escrita. Abucheos, gritos, el error no forzado de un par de muchachos de la seguridad del acto retirando al revoltoso y, en pocos minutos, antes de que la exposición concluyese, una hostilidad en redes que prometía carnicería desde su génesis.

Hay quienes sostienen que todo acto del peronismo y alrededores debería iniciar con la consigna “Cristina Libre”, mucho más si se trata de uno de formación política. Yo creo que el joven fue a hacerle una zancadilla al orador: nadie, de buena voluntad, esperaría 20 minutos de desarrollo del evento para vociferar su consigna. Es más, cualquiera que haya militado tres minutos y asistido a este tipo de juntadas sabe que las banderas se cuelgan antes de comenzar, salvo que lo que se intente sea un conato de sorpresa, como uno podría, por ejemplo, exhibir sorpresivamente una bandera de Palestina en un mitin organizado por la DAIA. No digo con esto que Cristina esté detrás del comedido. Ni siquiera que la superestructura del cristinismo, con sus bemoles, sea su productora. Pero la epidermis militante está demasiado sensible para que, quienes tienen que controlar, sean tirios o troyanos, no lo hagan.

Nuevo peldaño en la escalada de una interna de características semejantes a las de otras internas que ha vivido el peronismo sólo que, esta vez, el partido se disputa en Facebook, “X”, Instagram y Tiktok. Mojadas de orejas virtuales; amenazas cibernéticas solapadas; diagnósticos tremendistas y muchas mentiras en el territorio virtual en donde conviven guapos analógicos con malevos sin otra identidad ni domicilio conocido que una IP. Uno podría decir, además, “en el mismo lodo, todos manoseaos” pero no sé si Discepolín juega este Game of Trolls.

Eso es realmente novedoso. En esta reyerta sin heridos, ni ganadores, ni vencidos, todos se acusan mutuamente de ser troll, “usuario que publica comentarios provocativos, ofensivos o fuera de lugar con la intención de molestar, generar polémica o boicotear una conversación”, según la IA. Lo que no aclara la Inteligencia Artificial es que la mayoría de los espacios políticos tienen “granjas de trolls”, que no son otra cosa que grupos de usuarios, generalmente pagos, “que buscan interferir de manera anónima en la opinión pública”.

La mayoría de los nacionales y populares no los utilizaban hasta no hace mucho pero, al parecer, las derrotas de 2023 y 2025 los han “convencido” de la necesidad de hacerlo. Extrañamente, lejos de “atacar” al adversario (mejor dicho enemigo) anarco liberal, los nuestros se deleitan peleando entre ellos. Es precisamente allí donde se cifra el oxímoron de la acción. Por desconocimiento; incluso por desconfianza, los militantes virtuales, trolls o no, quedan atrapados en el “ecosistema comunicacional del liberalismo” sustituyendo la oratoria y el debate por lo que Schopenhauer definió como “Dialéctica Erística o el arte de tener siempre razón: la estrategia para ganar discusiones técnicas sin tener la más mínima idea”.

Un verdadero pecado para Cristina, que es la maestra del concepto. Pero, además, la prueba de que no terminan de entender sistemas como el del “Galope de Gish (Saturación)” que bombardea con ráfagas de afirmaciones sin sustento a una velocidad que anula la verificación. El objetivo es saturar: mientras intentás refutar una falacia, ya te dispararon tres más. Ganan por asfixia, no por argumento. Y ese no es, precisamente, “le metier” del kirchnerismo.

Prometo explicar mejor, en las próximas notas, la naturaleza de la Erística schopenhaueriana. Pero me parece importante establecer primero, en mi modesto punto de vista, qué se discute en esta instancia. Cristina necesita la “rendición” de Axel no para sojuzgarlo sino para “entregarle” la Nación a cambio de la provincia de Buenos Aires para Máximo que, de otra manera, difícilmente podría imponerse a la liga de intendentes que lo detesta. Por eso “Axel tiene que ir a lo de Cristina”. Por eso “Cristina Libre” antes que todo. ¿Se podría sin que gane antes el peronismo? Como dice Daniel “El Tano” Catalano, hay que poner dos millones de argentinos yendo a San José 1111, rompiendo las puertas y la custodia, sacando a la ex presidente de su encierro… ¿Hay cómo hacerlo? Quien sabe, por ahí, el tan anunciado quilombo si la tocan a Cristina se produce de una buena vez… hay que tener “con que”, en todo sentido. Cristina Libre.

Cierro con la idea de que todo va a encontrar su cauce en la superestructura. Que se va a negociar. Que nadie se suicida. Que ya no hay mártires por la causa: Perón… o heridas leves. Pero en los territorios, virtuales o reales, los que empujan consignas con el corazón y todavía confían en la pureza de las ideas, van a quedar irremediablemente dolidos. Y eso redundará en menos votos, menos confianza, menos asistencia a las urnas y una posible derrota con gusto a hambre.

Fuente:https://deudaprometida.com/peronian-trolls/

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