Sandro cumpliría 77 años:La historia de su misterioso Castillo

MUSICA 18 de agosto de 2022 Por rs
LA HISTORIA DEL CASTILLO QUE CONSTRUYÓ Y EL LUGAR DONDE CONOCIÓ A OLGA GARAVENTA
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SANDRO

Sandro imaginó el Castillo en una noche de luna llena, lo diseñó él mismo y lo construyó como estudio de grabación. En el 2019 se transformó en un centro cultural y bar temático.

Es el castillo que Roberto Sánchez, Sandro, diseñó y mandó a construir en los años ochenta, que albergó sus oficinas porteñas, que fue ocupado ilegalmente y vandalizado, y que ahora será reabierto como centro de actividades culturales. La propuesta incluye un bar temático donde se exhibirán objetos originales del legendario Gitano.


La inauguración fue el sábado 26 de octubre del 2019 y estuvo Olga Garaventa, la viuda de Sandro, y el ministro porteño de Cultura de ese año, Enrique Avogadro, quien descubrió una placa que declara al edificio como sitio de interés cultural para la Ciudad.

La historia

La leyenda dice que todo empezó cuando Sandro volvía en auto luego de dar un recital. Era una impresionante noche de luna llena. Estacionó en la avenida Pavón, entre las calles Quintino Bocayuva y Castro, se bajó y les dijo a sus acompañantes que allí, en esa cuadra, se imaginaba un castillo resplandeciendo bajo la misma luz que plateaba la arboleda del barrio.

Lo cierto es que, en 1980, Roberto Sánchez compró una propiedad ubicada en Pavón 3939, originalmente una casa chorizo con 8,66 metros de frente por 60 de fondo.

Según cuenta su biógrafa, Graciela Guiñazú, autora de Sandro de América (Editorial Planeta, 2017), "se había propuesto construir el mejor estudio de grabación que existiese desde el Río Grande para abajo". Su fantasía era que lo inaugurara Tina Turner.

Ordenó la demolición completa y él mismo hizo los planos del nuevo proyecto, aunque su vocación por el dibujo se había limitado, hasta entonces, a bocetos de vestuarios y coreografías.

Roberto no tenía conocimientos específicos y sólo había completado la escuela primaria, pero leyó libros de Arquitectura, se sentó frente a un tablero de diseño y empezó a tirar líneas. “Todo lo que le interesaba lo aprendía y lo desarrollaba como si fuera una canción”, apunta Guiñazú.

Los planos, diseñados por Sandro pero supervisados y firmados por un arquitecto, fueron aprobados el 27 de noviembre de 1985. "Todos quieren tener un castillo y yo me hice uno en Boedo", decía.

La construcción demoró unos doce años y el proyecto sobrevivió a las inestabilidades económicas de un país no apto para soñadores. Pero estamos hablando de la Argentina, que siempre, de alguna manera u otra, impone su cuota de desaliento.

Con la obra terminada, ya en la Convertibilidad, Roberto Sánchez se dio cuenta de que le resultaba más barato ir a grabar a los Estados Unidos que hacerlo acá, por lo que el castillo fue destinado solamente a oficinas (suyas y de su manager Aldo Aresi) y a depósito de instrumentos, equipos musicales y escenografías de shows.

La historia de amor con Olga:


A principios de los noventa, una vecina de Boedo, Olga Garaventa, tuvo que salir a limpiar casas para sostener la economía de su familia. Rosita, la dueña de un kiosco, la sugirió que fuera al castillo de Pavón al 3900 porque estaban buscando personal de maestranza.

Olga se entrevistó con Aldo Aresi, quien la recibió con una advertencia: “¿Usted sabe de quién es este edificio, verdad? Por eso no nos gustaría contratar a una fanática”. La mujer tranquilizó al manager, negó ser una de las clásicas “nenas” del cantante y fue contratada.

Sandro conoció a Olga entre las paredes blancas del castillo. “La primera vez que me habló, se me paralizó el corazón”, confesó ella años después. Allí se enamoraron. Allí, un 23 de diciembre de 2004, se dieron el primer beso. Se casaron el 13 de abril de 2007.

La mano de Sandro está detrás de todo lo que se ve en este edificio de 957 metros cuadrados cubiertos: las arañas, los faroles y los enrejados de hierro macizo, los arcos entre góticos y moriscos, los vitrales. El frente es tal cual cómo él lo dibujó, primero en 1985, y luego en 1987, cuando decidió agregar una planta más.

Pero también hay objetos que refieren tanto a su historia personal como a su carrera artística. En la planta baja del castillo funciona un bar-museo, donde se pueden ver, entre otras cosas, parte de la escenografía del show El hombre de la rosa (2001), el látigo de la película Embrujo de amor (1970), la bata de seda que vestía cuando saludó a sus fans durante su internación en el Instituto del Diagnóstico, el retrato que le hizo Aldo Sessa, instrumentos musicales, su vaso de whisky preferido, la copa con la que tomaba su religioso Martini de las cinco de la tarde y el cáliz y la bandera argentina que utilizaba en algunos de sus conciertos.

Fuente:Clarín.

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